Las 18 fiestas más raras y curiosas de España
Descubrimos algunas de las fiestas que dejan boquiabiertos a españoles de otras comunidades y extranjeros por igual: un desfile de ataúdes con personas vivas, un 'diablo' que salta bebés... ¡Vamos allá!
Elena Serendipia
5/20/202613 min read
Las 18 fiestas más raras (y fascinantes) de España que no te puedes perder
Vale, reconozco que España tiene fama internacional de ser un país de fiesta. Pero lo que quizá no sabes —o quizá sí y simplemente no te lo crees— es hasta qué punto esto es literalmente verdad. Porque aquí no solo hacemos encierros de toros o quemamos fallas. Aquí saltamos bebés, nos tiramos roscos en la cabeza, desfilamos dentro de ataúdes y celebramos Nochevieja en agosto. Sí, en agosto.
Y no, no me lo estoy inventando.
Estas son algunas de las fiestas más singulares, extravagantes y genuinamente fascinantes que puedes encontrar en España. Spoiler: si las enseñas a alguien de fuera, le va a explotar la cabeza.
La Fiesta del Pan de Lubrín (Almería) — 20 de enero
Empezamos suave. Bueno, suave... lo que se dice suave tampoco es.
Cada 20 de enero, en el pequeño municipio almeriense de Lubrín, los vecinos celebran el día de su patrón, San Sebastián, de una manera bastante particular: tirándole roscos de pan. Sí, a la imagen del santo. Desde los balcones, desde la calle, desde donde sea. Y si el pan acaba pisoteado en el suelo, pues se recoge del suelo y ya está.
El origen es tan curioso como perturbador: se remonta al siglo XV, durante las epidemias de peste que asolaron la Península Ibérica. Según la tradición oral del pueblo, los más pudientes, para evitar el contagio, lanzaban el pan a los más pobres en lugar de dárselo en mano. Una forma de caridad que hoy se ha convertido en una festividad llena de humor, caos y bastante vocerío.
Lo más icónico es ver a los vecinos con los brazos cargados de roscos, lanzándolos a la imagen del santo con una puntería muy mejorable. Y la imagen, con el paso de los años, acusa lo suyo. Como diría cualquiera que la haya visto: "Tiene fisuras. Hace falta una restauración urgente." Pues claro que sí.
La Vijanera de Silió (Cantabria) — Primer domingo de enero
Esta es una de mis favoritas, lo digo sin rodeos. La Vijanera se celebra en Silió, un pequeño pueblo del municipio de Molledo, en Cantabria, y está considerada el primer carnaval de Europa.
Cada primer domingo de enero, los vecinos sacan a los dos grandes protagonistas de esta fiesta: los trapajones, vestidos con elementos naturales como musgo, corteza de árbol, hojas y maíz; y los zarramacos, con sus sombreros puntiagudos, grandes cencerros y pieles de colores vivos. Cada zarramaco tiene una función específica dentro de la celebración, y juntos recorren el pueblo ahuyentando los malos espíritus del año que acaba de empezar.
La fiesta incluye también la lectura de las coplas, una crítica satírica en verso sobre los eventos del año anterior —política, sociedad, vida local— y la representación de la caza del oso, donde uno de los vijaneros se disfraza de oso y los zarramacos intentan capturarlo. El oso recorre el pueblo durante todo el día hasta que finalmente es "cazado", lo que simboliza la victoria del bien sobre el mal y atrae la buena suerte para el año nuevo.
Según el etnógrafo y estudioso de la cultura cántabra Adriano García-Lomas, esta festividad tiene raíces paganas muy antiguas, anteriores incluso a la romanización de la Península. Patrimonio vivo, en toda regla.
La Fiesta de Santa Marta de Ribarteme (Pontevedra, Galicia) — 29 de julio
Aquí es donde empezamos a entrar en territorio verdaderamente singular. Prepárate.
Esta festividad gallega, que se celebra cada 29 de julio en el municipio de As Neves (Pontevedra), fue catalogada por el diario The Guardian como la segunda fiesta más extraña del mundo. Y cuando la explicas, entiendes por qué.
Los protagonistas son personas que, durante el año anterior, estuvieron cerca de la muerte —por enfermedad grave, accidente o cualquier percance que pusiera en peligro su vida— y que hicieron una promesa a la Virgen de Ribarteme: si los salvaba, desfilarían en procesión dentro de un ataúd.
Exacto. En un ataúd. Vivos, pero en un ataúd.
Son los llamados "ofrecidos", y sus familiares son quienes cargan con el féretro mientras recorren las calles del pueblo en procesión. La imagen es, cuanto menos, impactante: una comitiva de ataúdes con personas dentro, rodeados de flores, mientras el pueblo entero da gracias a la Virgen por los milagros concedidos.
Lo que me parece importante recalcar es que esto no es morbo ni espectáculo vacío. Es una expresión de fe profunda y de gratitud, con siglos de tradición detrás. Y además, la romería incluye música, baile y gastronomía gallega, porque en Galicia las fiestas se hacen bien aunque el contexto sea fúnebre.
El Encierro del Autobús de Torralba de Aragón — Fiestas patronales de agosto
Vale, este ya me parece directamente genial.
La historia empieza en los años 70, cuando el Ayuntamiento de Torralba de Aragón (Huesca) no tramitó correctamente los permisos necesarios para celebrar encierros de toros. La solución que encontraron es tan absurda como brillante: si no puede ser un toro, que sea un autobús.
Y desde entonces, cada año, durante sus fiestas patronales, un autobús —con su charanga y todo— persigue por las calles del pueblo a quien se atreva a correr delante de él. El ambiente es exactamente el que te estás imaginando: carreras, gritos, risas y una charanga que no para.
Me parece, honestamente, una alternativa muchísimo más sensata y divertida que correr delante de un animal. Ole por Torralba.
Els Castellers de Tarragona — Concurs de Castells (octubre)
Paso del caos al arte, porque los castells son exactamente eso: arte humano.
Cada dos años, Tarragona acoge el Concurs de Castells, el concurso de torres humanas más importante del mundo, que normalmente se celebra a principios de octubre en el Tarraco Arena Plaça. En él participan colles castelleres de toda Cataluña, compitiendo por construir las torres más altas y complejas posibles.
Los castells pueden alcanzar hasta diez pisos de altura —alrededor de diez metros—, y lo hacen sin ningún tipo de soporte artificial: solo fuerza humana, coordinación y trabajo en equipo. Arriba de todo, coronando la torre, siempre va un niño pequeño, la enxaneta, que levanta el brazo para indicar que la torre está completada.
En 2010, la UNESCO declaró los castells Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un reconocimiento más que merecido para una tradición que aglutina a personas de todos los perfiles sociales en torno a un objetivo común. Puedes ver castells también durante la Mercè en Barcelona, el día de Sant Jordi o durante la Diada nacional de Cataluña.
La Traída de la Virgen en Mota del Cuervo (Cuenca, Castilla-La Mancha) — agosto
Esta es de las que te dejan sin palabras la primera vez que la ves. Y mira que parece sencilla de describir: llevan a la Virgen corriendo. Pero cuando lo ves en persona, es otra historia.
El origen se remonta, según la tradición local, al siglo X. Cuenta la leyenda que unos moteños fueron a auxiliar a unos comerciantes accidentados en las cercanías del pueblo. Cuando los accidentados vieron la talla de la Virgen que llevaban, decidieron robársela y salir huyendo a toda velocidad. Los de Mota del Cuervo tuvieron que correr detrás para recuperarla.
Y así, cada año, la imagen de la Virgen de Mota del Cuervo es transportada a la carrera por las calles del pueblo, en un desfile vertiginoso que recrea aquel episodio. Ver la imagen corriendo, con su corona, sin caerse, entre vítores y emoción colectiva, es algo que no se olvida.
La Batalla del Vino de Haro (La Rioja) — 29 de junio
Si en Valencia se tiran tomates, en La Rioja se tiran vino. Y tiene todo el sentido del mundo.
Cada 29 de junio, coincidiendo con la festividad de San Pedro, los habitantes de Haro (y miles de visitantes) suben en romería a la ermita de los Riscos de Bilibio, donde comienza una batalla campal a base de vino. Cada año se utilizan aproximadamente 130.000 litros de vino, y la gente llega con ropa blanca que acaba completamente teñida de rojo.
El origen es pintoresco: según la tradición, un aldeano decidió refrescar a un compañero durante la romería vertiéndole el vino de su bota por encima. Al parecer, la idea les pareció tan buena que nunca dejaron de hacerlo.
Dato curioso que me gusta mencionar: esta fiesta no es exclusiva de La Rioja. En Ciudad Real existe una festividad similar llamada la zurra, donde también el vino es el protagonista absoluto, tanto para beber como para tirar.
El Cascamorras de Guadix y Baza (Granada) — 6 y 9 de septiembre
Esta fiesta tiene más de quinientos años de historia y un argumento que parece sacado de una serie de comedia. Escucha.
El Cascamorras es un personaje —un bufón vestido con colores muy llamativos— que proviene de la localidad de Guadix. Cada 6 de septiembre, este personaje se desplaza a la localidad vecina de Baza con un único objetivo: robarles la imagen de la Virgen de la Piedad.
El problema es que los vecinos de Baza lo saben. Y lo esperan. Y en cuanto aparece, le lanzan pintura negra por todas partes mientras lo persiguen por las calles del pueblo. Si el Cascamorras llega manchado a la imagen, no puede llevársela. Y como nunca consigue esquivar la pintura, el 9 de septiembre regresa a Guadix con las manos vacías, lo que provoca que ahora sean los habitantes de Guadix quienes se enfaden con él y le lancen más pintura.
En resumen: un hombre corre por dos pueblos distintos durante dos días siendo perseguido y manchado de negro. Y lleva cinco siglos haciéndolo. España, te quiero.
Els Enfarinats de Ibi (Alicante) — 28 de diciembre
Cada 28 de diciembre —el Día de los Inocentes— en Ibi, un pequeño municipio alicantino, sucede algo muy particular: un grupo de hombres llamados Els Enfarinats toman el control del pueblo.
Estos personajes se presentan en la plaza principal disfrazados, proclaman su "poder" sobre la localidad y se dedican a cobrar multas e impuestos a quien incumple sus arbitrarias normas. Todo el dinero recaudado se destina a organizaciones benéficas del municipio.
Y quien se niegue a pagar... recibe una bomba de harina en la cara.
La batalla se desarrolla a lo largo de todo el día entre los Enfarinats y un grupo de ciudadanos que intenta plantar cara, con harina, huevos y petardos como munición. A la hora de comer se decreta un alto el fuego para disfrutar de la gastronomía local, y después continúa el caos.
Esta fiesta tiene origen incierto —algunos la sitúan en el siglo XIX—, pero lo que es innegable es que combina folklore, solidaridad y un sentido del humor muy particular. Una de las más divertidas de esta lista, sin duda.
La Carrera de Caracoles de Tricio (La Rioja) — 24 de agosto
¿Sabías que un caracol puede arrastrar el peso de una alpargata? Pues alguien lo descubrió en 1986 y pensó: esto merece una competición.
Según cuenta la historia, un veraneante vasco en Tricio observó cómo un caracol arrastraba una alpargata y apostó con el alcalde del pueblo sobre qué distancia podría recorrer. Aquella apuesta tan absurda dio lugar, ese mismo año, a la primera edición de la Carrera de Caracoles de Tricio, que se celebra cada 24 de agosto dentro de las fiestas de San Bartolomé.
Las reglas son sencillas: cada caracol compite por arrastrar la máxima distancia posible una pequeña lata de conservas pegada con cinta a su caparazón. En una de las ediciones más recordadas, la ganadora fue Manchita, el caracol de Emma Cáceres, que logró arrastrar una lata de 350 gramos a lo largo de 120 milímetros.
La primera edición reunió a más de 88 niños y, como homenaje al gentilicio de los habitantes del pueblo —caracoleros—, al finalizar la carrera se degustan más de cien raciones de estos moluscos. Coherencia total.
La Balalá (Nochevieja en agosto) de Bérchules (Granada) — primer sábado de agosto
Esta es mi favorita para explicarle a alguien de fuera lo que es España.
En 1994, los habitantes de Bérchules, un pequeño pueblo de la Alpujarra granadina, no pudieron tomarse las uvas de Nochevieja porque hubo un error en la retransmisión televisiva de las campanadas. El reloj se adelantó, nadie estuvo listo a tiempo, y el pueblo se quedó sin su ritual de fin de año.
La reacción lógica de cualquier pueblo sería: "Qué mala suerte, lo intentaremos el año que viene." La reacción de Bérchules fue: "Pues lo celebramos ahora, en agosto."
Y lo hicieron. Y les gustó tanto que lo convirtieron en tradición. Cada primer sábado de agosto, el pueblo de Bérchules celebra una Nochevieja completa: uvas, polvorones, campanadas y fuegos artificiales. Con el calor del verano granadino de fondo.
Hoy la Balalá —nombre con el que se conoce popularmente esta festividad— atrae a más de 10.000 personas de toda España. Porque si algo funciona, se repite. Y si no funcionó una vez, se inventa una nueva fecha.
La Danza de la Muerte de Verges (Girona, Cataluña) — Jueves Santo
Esta es, probablemente, la más solemne y sobrecogedora de toda la lista.
Cada Jueves Santo, en el pequeño municipio de Verges (Baix Empordà), se representa la Danza de la Muerte, una procesión de origen medieval que escenifica lo inevitable de la muerte. Figuras vestidas de esqueleto, portando símbolos de la mortalidad, recorren las calles oscuras del pueblo en silencio casi absoluto, acompañadas únicamente por el sonido de los tambores.
La tradición se remonta a la Edad Media, cuando este tipo de representaciones —conocidas como danza macabra o danse macabre— eran habituales en toda Europa como recordatorio de la igualdad de todos ante la muerte. La de Verges es una de las pocas que se ha mantenido hasta nuestros días de manera ininterrumpida.
Verla en persona tiene que ser una experiencia absolutamente impactante. La iluminación rojiza, el silencio, los danzantes... Es de esas cosas que te quedan grabadas.
El Mariquelo de Salamanca (Castilla y León) — festividad de la Virgen de la Vega
Esta tradición nació del miedo y se convirtió en gratitud.
El 1 de noviembre de 1755, un terremoto devastador —el conocido como Terremoto de Lisboa— sacudió la Península Ibérica con una intensidad brutal. Salamanca también lo sintió con fuerza, y los habitantes corrieron a refugiarse en la catedral, que resistió en pie.
El Cabildo Catedralicio interpretó aquello como una señal divina y determinó que, en agradecimiento a Dios, cada año subiría una persona hasta lo más alto de la torre de la catedral para hacer repicar las campanas manualmente. Esa persona es el Mariquelo.
Lo del Mariquelo no es una subida cualquiera. Hay que trepar por escaleras empinadas y estrechas hasta alcanzar la parte exterior de las torres, desde donde las vistas de Salamanca son espectaculares... y el vértigo, considerable. Una de esas tradiciones que mezclan devoción, valentía y una pizca de locura en la proporción exacta.
La Batalla de Merengue de San Sebastián (País Vasco)
Porque no todo iban a ser batallas de cosas saladas.
En San Sebastián existe una batalla de merengue —sí, el dulce— que se celebra como parte de las fiestas locales. Los participantes llegan armados con merengue y la lógica a partir de ahí es la misma que en cualquier otra batalla española: tirar todo lo que puedas al que tengas delante.
Se llegan a preparar más de 300 litros de merengue para la ocasión. Los niños lo disfrutan especialmente, aunque sinceramente creo que los adultos tampoco se quedan atrás. Es caótico, es dulce y es completamente español.
La Festa Normanda de Foz (Lugo, Galicia) — agosto
Esta fiesta recrea uno de los episodios más curiosos de la historia medieval de Galicia: las invasiones vikingas del siglo X.
Según las crónicas, una flota normanda intentó atacar la localidad de Foz. Los habitantes, aterrorizados, subieron al monte Alto de la Grela para pedir ayuda al obispo Gonzalo. Este, rezando con su báculo en alto, habría conseguido hundir las naves vikingas una a una —todas excepto una, que dejó escapar para que volviera a contar lo sucedido.
La historia está documentada en fuentes medievales, aunque con la distancia del tiempo es difícil separar el hecho histórico de la leyenda. Lo cierto es que el obispo Gonzalo fue beatificado y se convirtió en San Gonzalo de Mondoñedo, y el monte cambió su nombre por el de O Bispo Santo, donde hay una capilla en su honor.
La Festa Normanda recrea cada año esta batalla con barcos, trajes medievales, combates y mucho espectáculo. Una fiesta con raíces históricas reales que se celebra con muchísima energía.
La Fiesta Troglodita de Piñar (Granada) — verano
Esta nació con un objetivo muy concreto: dar a conocer la Cueva de las Ventanas de Piñar, un yacimiento arqueológico del Paleolítico con una historia impresionante.
Y la forma de hacerlo fue inventarse una fiesta prehistórica. Los participantes se visten con pieles, hacen fuego, utilizan huesos —reales, aunque de pollo, convenientemente tratados y blanqueados— como adornos, y recrean escenas de la vida en la Prehistoria.
El resultado es una fiesta completamente diferente a todo, llena de creatividad y con un fin educativo y turístico claro. Me parece un ejemplo muy bonito de cómo una comunidad pequeña puede poner en valor su patrimonio de manera original y con mucho humor.
El Salto del Colacho de Castrillo de Murcia (Burgos, Castilla y León) — Corpus Christi
Y llegamos a la que, probablemente, más reacciones genera fuera de España.
El Salto del Colacho se celebra desde 1621 en Castrillo de Murcia, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, durante la festividad del Corpus Christi. Es una tradición que mezcla elementos cristianos y paganos, y que tiene como objetivo purificar a los niños nacidos durante el año anterior.
El Colacho es un personaje que representa al diablo: va vestido con un traje de colores muy llamativos, porta una matraca y recorre las calles del pueblo persiguiendo y golpeando a los vecinos mientras estos le insultan y le lanzan cosas. Es el mal en persona, básicamente.
Los bebés nacidos ese año son colocados en almohadas sobre pequeños altares decorados con flores en las calles del pueblo. Y entonces el Colacho, el diablo, llega corriendo y salta por encima de ellos. Con este salto, según la tradición, el mal abandona los cuerpos de los niños, quedando limpios y protegidos. Se dice también que los bebés saltados no padecerán hernias en el futuro.
Cada vez que lo cuento en clase, los estudiantes extranjeros se quedan sin palabras. Y lo entiendo. Pero también creo que es importante entenderlo en su contexto: es una expresión de fe y de amor hacia los más pequeños, un ritual que lleva cuatro siglos transmitiéndose de generación en generación.
Después del salto, por supuesto, los niños vuelven a los brazos de sus padres. Y empieza la fiesta, con vino, baile y música. Que para eso estamos.
El Cipotegato de Tarazona (Zaragoza) — 27 de agosto
Para cerrar, otro clásico de las batallas españolas, esta vez a tomatazos.
Cada 27 de agosto, en Tarazona (Zaragoza), un hombre disfrazado de Arlequín con la cara cubierta —el Cipotegato— debe abrirse paso entre una multitud de miles de personas que lo reciben a tomatazos hasta alcanzar la estatua que lleva su nombre en la plaza de España.
Las reglas son básicamente esas: él intenta llegar, el pueblo entero intenta impedírselo a base de proyectiles de tomate. En una sola celebración se pueden llegar a lanzar hasta 15.000 kilos de tomates.
La identidad del Cipotegato es un misterio que se mantiene en secreto hasta el último momento. Lo que sí es seguro es que, al final, siempre llega a la estatua. Y eso, en Tarazona, es motivo de héroe.
¿Y tú, cuál no conocías?
España da para mucho. Y esto es solo una parte de lo que hay. Cada pueblo, cada comarca, tiene su propia forma de celebrar, de recordar, de reírse de sí misma y de honrar su historia. Eso es lo que más me gusta de recorrer este país: que nunca deja de sorprenderte.
Si eres de alguna de estas localidades y quieres añadir algo, matizar o simplemente contarme tu experiencia en primera persona, los comentarios son tuyos. ¡Ya sabes que me encanta leerte!
Si pinchas en la imagen, te lleva al vídeo que hice sobre el tema.


